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El peligro de las Bebidas Energéticas

El consumo de bebidas energéticas continúa subiendo en España y ya representa un 2% del total de bebidas refrescantes consumidas. Estas bebidas comenzaron entrando en el deporte, más tarde conquistaron la noche y ahora es habitual verlas en terrazas e incluso en comidas.


Su consumo, sin ser peligroso no está recomendado en niños menores de 18 años, embarazadas ni durante la lactancia.


Composición

La mayoría de las bebidas energéticas, además de la cafeína suelen contener taurina, glucoronolactona, guaraná, ginseng y vitaminas del grupo B, etc…. También suelen aportar hasta 11% de azúcar o sus variantes, aunque es cierto que podemos encontrar versiones “sin”


El consumo de D-glucurono-γ-lactona se mueve con un margen de seguridad bastante amplio siempre que el consumo de esta bebida sea de 250 ml al día para una persona de 60-70 kilos.


La cafeína y la taurina a pesar de ser diferentes actúan de manera similar, pero las concentraciones combinadas de ambos tienen unos efectos que se perciben claramente mejorando la fuerza, activando  nuestro sistema nervioso central e incluso afectando al control de las respuestas cardiovasculares. Su concentración, especialmente de taurina son lo sufrientemente altas 4.000 mg por cada litro (33cl es una lata), para suponer un riesgo y pasarnos de la dosis máxima segura (2.500 mg /día).


En lo referente a vitaminas del tipo B supone un riesgo de hipervitaminosis especialmente en la vitamina B3 (ácido nicótico) y con menor riesgo en vitaminas B3 (nicotinamida) y B6, B2 y B12. Los síntomas de hipervitaminosis de B3 son enrojecimiento cutáneo, picor, nerviosismo, calambres intestinales, náuseas, dolores de cabeza y diarrea.


Los ingredientes a base de plantas como ginseng o el ginko, hay que tomarlos en consideración, especialmente por su interacción con medicamentos y cuando su ingesta esta desaconsejadas. Por supuesto esta contraindicadas en niños y menores de 18 años al no existir estudios sobre estos grupos de población.


Respecto al azúcar y a las opciones “sin”, presentan dos problemas. Con azúcar es muy fácil pasarse de las calorías diarias en la dieta y acostumbramos al paladar al cerebro a sabores muy fuertes, en las opciones “sin”, el sabor suele ser aún más potente malacostumbrándonos a sabores muy altos.

Consumo

La Asociación de Bebidas Refrescantes (ANFABRA), tiene catalogada más de 2.000 referencias de bebidas refrescantes solo en España, y cada año suelen lanzarse unas 150 novedades. Su consumo ha aumentado del 0.3% en 2003 a 2% en 2019.


Si miramos fuera de España, el informe Zenith internacional de 2009 ya reconocía que habíamos aumentado el consumo per cápita mundial de 0.4 litros de 2003 a 0.8 litros 2008.


Los miembros de la EDE (Energy Drinks Europe), asociación que representa a los productores de estas bebidas en Europa, se comprometieron a reducir el envase y pasar de 330 a 250 ml.


Ante toda esta evidencia y empezando a ser un factor de riesgo entre los consumidores la Agencia Española de seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha solicitado una evaluación al comité científico para determinar el riesgo real de estas bebidas en la población, en especial para llegar ampliar conocimientos de estos componentes sobre los consumidores habituales 15-45 años.


No existe normativa específica  en Europa (MAPA) que englobe la venta de bebidas energéticas, de forma que muchas de ellas se comercializan dentro de la categoría de zumos de frutas y otros vegetales en la subcategoría de “otras bebidas refrescantes”

Al carecer de regulación específica  para su comercialización, no están limitadas en que ingredientes pueden contener, ni su concentración máxima ni las combinaciones de estos. Este hecho preocupa y mucho a las diferentes administraciones.


Problemas a su consumo regular

La popularidad entre los jóvenes de estas bebidas anti fatiga, crece a la misma velocidad que la preocupación por la evidencia científica de sus efectos negativos en la salud y su consumo reiterado baja circunstancias no recomendables.


Aparte de la estimulación que produce en el sistema nervioso central y cardiovascular su consumo frecuente se relaciona con sobrepeso, obesidad, sobre dosis de cafeína, hipertensión, perdía de masa ósea, osteoporosis (Nowak y Jasionowski, 2015), palpitaciones, insomnio, nauseas, vómitos y micción frecuente.


Ante este panorama las administraciones justifican un mayor control y análisis más detallados de sus efectos nocivos para la salud.


Estos son algunos datos del consumo en España:

  • Consumo entre 16-65 años: 30%  (crónico: 16%)
  • Consumo entre 10-16 años: 62%  (crónico: 10%)
  • Consumo entre 3-10 años: 26%  (crónico: sin datos)


Precepción de los consumidores

En general las bebidas energéticas gozan de una buena aceptación por parte de los jóvenes y la percepción de riesgo por su consumo es muy baja.


El último estudio publicado sobre este tema (Frayon et al., 2019), recalcaba varios datos muy interesantes:

  • Un 13% sabía que beber estas bebidas equivalía a tomar café o algo más concentrado.
  • Un 87% consideraba que tomar bebidas energéticas era lo mismo que tomar refrescos.


Conclusión

Las bebidas energéticas no son peligrosas para adultos sanos, siempre que su consumo no sea habitual ni crónico.


Los menores consumen cada vez más estas bebidas y en general la población no es consciente de los peligros para la salud.

La ciencia aún no sabe con exactitud los problemas de salud que puede acarrear el consumo habitual ni sus efectos en adolescentes ni adultos.


Las administraciones van tarde a la hora de crear y aplicar una normativa correcta y específica para estas bebidas, y las asociaciones de productores de bebidas energéticas miran a otro lado cuando se trata de efectos adversos, realmente solo miran en una dirección; ganancias.


Bibliografía.

Todos estos datos y muchos más en el pdf descargable: Informe del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas


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